El arte de la desinformación

...somos un gran banco de peces a merced de depredadores que están al acecho de nuestros falsos movimientos, pero también de auténticos pescadores profesionales que esperan pacientes que caigamos en sus redes.
Meter baza, enmarañar, confundir, liar, despistar todo vale para llevar a cabo tu propósito; es decir, que la verdad se halle perdida bajo el caos y desorden de un montón de apestoso estiércol, y que el consumidor de esa verdad, o incluso algún valiente e ingenuo buscador se sienta cada vez más agotado. Esto es a lo que se le llama desinformación. Yo amplío un poco más el término y lo llamo arma de desinformación masiva; la guerra más sigilosa y moderna que se libra en la actualidad. De hecho, la red es el principal campo de batalla, y existen verdaderos guerreros a sueldo, mercenarios sin escrúpulos que viven de ello. Mientras este hecho se produce el resto de mortales desconocedores de la realidad caminamos como pollos sin cabeza por un laberinto que no tiene salida.

Lo curioso de todo esto es que, en la confusión, muchos de nosotros mismos, al igual que hace el escarabajo boñiguero, ayudamos a que ese caos crezca de una manera incontrolada, compartiendo esa desinformación por las múltiples redes sociales que “convenientemente” nos han puesto a nuestra disposición.

Y es que cualquier cosa que no se ajuste a los estándares del sistema puede estar sujeta a alguna campaña de desinformación, ya sea ridiculizándola en los medios públicos, oficiales o no, o vertiendo sobre ella grandes dosis de mentira o información falsa. Con esta técnica, una Verdad, por muy real que sea, es muy fácil encubrirla, emparedarla, lapidarla para siempre. Un simple proyectil bien dirigido basta; el resto de la sociedad, ciega e idiotizada de diversas formas, se encarga de rematarla.

Sí, tengamos presente que somos un gran banco de peces a merced de depredadores que están al acecho de nuestros falsos movimientos, pero también de auténticos pescadores profesionales que esperan pacientes que caigamos en sus redes.

En absoluto quiero ser pesimista, pero hay verdaderos conocedores de este problema que dan por perdida a la raza humana. A pesar de ello, confío en que nuestra adormilada intuición despierte de una vez por todas, y seamos conscientes de esta realidad que nos concierne a todos.

Tal vez un buen hábito sea por comenzar a discernir todo tipo de noticias o información, ya sea etiquetada de verdadero o de falso; no dar por sentado nada. Porque es probable que lo “verdadero” no lo sea tanto y en lo “falso” haya más verdad de la que podamos imaginar. La cuestión de todo esto es no caminar por el sendero que te han marcado, sino por el tuyo propio.

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